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¿Cómo resolvemos nuevos retos? LAS FUNCIONES EJECUTIVAS (parte I)

 

¿Que tengo que hacer?    ¿Qué pasos tengo que seguir?   ¿Cuál es el camino más corto para llegar a casa de Pedro?   ¿Cuanto tiempo me llevará?   ¿Cómo se prepara una tortilla?   ¿Sería adecuado quitarme los zapatos en una reunión del trabajo?   ¿Qué sucederá si se me cae la botella al suelo?   ¿Qué debo hacer para coger un avión a Nueva York?   ¿Cómo debo actuar ante un imprevisto?  ¿Que sucederá si me salto el semáforo?   ¿Cómo debería actuar cuando me transmiten una noticia que me enoja?

 

¿Cómo nos encontraríamos si no supiésemos cómo responder/actuar ante estas preguntas?

El objetivo principal de las funciones ejecutivas es facilitar la adaptación del individuo a situaciones nuevas y complejas (más allá de conductas habituales y automáticas).

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Engloban los procesos y mecanismos implicados en la resolución de situaciones novedosas, imprevistas o cambiantes para las que no existe un plan previo.

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Existe consenso en aceptar que no constituyen un concepto unitario, sino la combinación de diversos procesos cognitivos que se acoplan de múltiples maneras para operar en diferentes situaciones.

Este término (acuñado por Lezak) se emplea para hacer referencia a un amplio conjunto de habilidades cognitivas que engloban: organización, anticipación, planificación, establecimiento de metas, inhibición, memoria de trabajo, flexibilidad, fluidez verbal, conducta social, autorregulación y control de la conducta; y constituyen requisitos importantes para resolver problemas de manera eficaz y eficiente.

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Imagen vía

A nivel anatómico podemos relacionar estas funciones con el cortex prefrontal pues desempeña un papel fundamental en el funcionamiento ejecutivo, pero es importante señalar que no depende de una estructura anatómica única, sino de un sistema neuronal distribuído (implicaciones de región dorsolateral, áreas posteriores y subcorticales).

En esta región cerebral se encuentran las funciones cognitivas más complejas y evolucionadas del ser humano, y se le atribuye un papel esencial en actividades tan importantes como la creatividad, la ejecución de actividades complejas, el desarrollo de las operaciones formales del pensamiento, la conducta social, la toma de decisiones y el juicio ético y moral.

 

La adquisición de estos procesos cognitivos con la edad se debe a la maduración secundaria de la corteza prefrontal (lateral dorsal y medial orbital), parte anterior del cíngulo y cuerpo estriado y el tálamo. Las diferentes regiones del cerebro se desarrollan a distintas velocidades y las conexiones entre estas regiones se desarrollan también gradualmente a todo lo largo de la infancia, la adolescencia e incluso la madrurez. Aunque no podemos olvidar que también se ha establecido que constituyen una de las habilidades  cognoscitivas más sensibles al proceso del envejecimiento.

“Durante los primeros años de vida, el niño parece vivir en un  tiempo presente con reacciones  a  estímulos que se encuentran en su entorno inmediato,  y es posteriormente cuando es capaz de representar estímulos del pasado, planear el futuro,  y representar un problema desde distintas perspectivas  que le permite escoger soluciones apropiadas” (Zelazo, Crack, & Booth)

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Fuente: J.Tirapu-Ustárroz

También las funciones ejecutivas pueden verse alteradas en diversas patologías y cuadros neurológicos desde problemas de conducta, lenguaje y aprendizaje; hasta tumores cerebrales, traumatismos craneoencefálicos, accidentes cerebrovasculares (ictus), Enfermedad de Parkinson, Esclerosis Múltiple, Síndrome de Gilles de la Tourette, Esquizofrenia, Trastorno obsesivo compulsivo, Trastorno antisocial de la personalidad, Trastorno por déficit de atención,  Autismo, Síndrome de Asperger, Corea de Huntington, Epilepsia del lóbulo temporal, …

La reducción o pérdida de estas funciones afecta a la capacidad del individuo para llevar una vida independiente socialmente aceptada, y se relaciona directamente con alteraciones concretas en el funcionamiento diario de la persona.

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Las personas con deterioro en el funcionamiento ejecutivo presentan graves dificultades para organizar y utilizar de forma eficiente las capacidades conservadas, muestran un comportamiento inconsistente y resulta difícil confiar en una adecuada generalización de los aprendizajes (lo que tiene una influencia negativa en todos los ámbitos de su vida diaria).

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En el ámbito de la rehabilitación, la intervención sobre las Funciones Ejecutivas implica la mejora de la capacidad para programar la conducta y orientarla hacia la consecución de los objetivos marcados. La intervención nos ocupará otro post, pero podemos avanzar que la participación activa de familiares y personas cercanas en el proceso rehabilitador resulta imprescindible para garantizar el éxito de los programas de rehabilitación.

Con las funciones ejecutivas intactas una persona puede sufrir diferentes tipos de alteraciones sensoriales, motoras o cognitivas y, aún así, ser capaz de mantener la dirección de su propia vida. Sin embargo, la reducción o pérdida de estas funciones compromete la capacidad del individuo para mantener una vida independiente, constructiva y socialmente productiva.

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Referencias y enlaces para ampliar

Tirapu-Ustárroz J et al. Corteza prefrontal, Funciones Ejecutivas y regulación de la conducta

Tirapu-Ustárroz J, Luna-Lario P. Neuropsicología de las Funciones Ejecutivas

Lopera Restrepo F. Funciones Ejecutivas: aspectos clínicos

Roselli M, Jurado MB, Matute E. Las Funciones Ejecutivas a través de la vida

Titapu-Ustárroz J, Muñoz-Céspedes JM, Pelegrin Valero C. Funciones Ejecutivas: necesidad de una integración conceptual

Papazian O, Alfonso I, Luzondo RJ. Trastornos de las funciones ejecutivas

Ardilla A, Ostrosky-Solís F. Desarrollo histórico de las Funciones Ejecutivas

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